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Confidencialidad ante los cambios producidos por el COVID-19: ¿Cómo garantizar la protección del secreto empresarial?

La crisis sanitaria que venimos padeciendo ha supuesto un desafío importantísimo para las empresas, que han tenido que adaptarse a contrarreloj a las restricciones sanitarias impuestas para controlar la pandemia, modificando, si no variando por completo, sus sistemas productivos, y el modo y manera de prestar sus servicios.

En momentos de confusión e inseguridad en los que ser proactivos se convierte, por una parte, en una necesidad y, por otra parte, denota una actitud responsable de las empresas, no debe perderse de vista la importancia de proteger lo más importante, su empresa y su negocio.

En este sentido, la entrada en vigor el pasado 13 de marzo de 2019 de la Ley 1/2019, de 20 de febrero de 2019, de Secretos Empresariales supuso el primer medio para regular y salvaguardar toda aquella información empresarial protegida y no divulgada. Se establece como una medida de protección de los secretos empresariales más valiosos, para lo cual define qué se ha de entender por tales, cuándo se entiende que su obtención, utilización o revelación son ilícitas y cuáles son las acciones para su defensa.

La LSE define el secreto empresarial como cualquier información, relativa a cualquier ámbito de la empresa, incluido el tecnológico, científico, industrial, comercial, organizativo o financiero, que reúna tres condiciones:

· Debe tratarse de un secreto, en el sentido de no ser generalmente conocido ni fácilmente accesible para los círculos en que normalmente se utilizaría.

· Debe tener valor empresarial como consecuencia de su carácter secreto.

· Deben adoptarse medidas razonables por parte de su titular para que permanezca secreto.

Por lo que se desprende de esta definición se puede entender como secreto empresarial desde la lista de clientes de la empresa hasta el know how de la misma, como sería una aplicación o software desarrollado o planes de negocio y marketing, por ejemplo. En este sentido, el secreto empresarial se encuentra estrechamente relacionado con la propiedad intelectual y la propiedad industrial.

De los puntos citados en el apartado anterior es muy relevante el que nos habla de que la empresa deberá tomar medidas razonables para mantener la información en secreto. 

Por tanto, cada empresa debe encargarse de definir qué considera como secreto empresarial y determinar su información comprometida. De este modo, resulta de vital importancia que se tomen medidas y se planteen políticas de confidenficialidad destinadas a identificar y proteger sus principales activos, documentos, archivos y conocimientos que se considerarán secretos empresariales, frente a infracciones cometidas por empleados, proveedores o colaboradores.

Medidas que, desde AECIM, animamos a su implementación y cumplimiento, especialmente en la actual realidad que se da en muchas empresas y que podemos ayudar a elaborar.

Tomar conciencia por parte de la empresa de la gran importancia que tiene la protección del secreto empresarial y de la confidencialidad.

  • Firma de acuerdos y contratos de confidencialidad y de no divulgación de secreto empresarial entre los directivos, trabajadores y también con proveedores y terceros.
  • Controlar el acceso físico y electrónico a la información de la empresa.
  • Implementar evaluaciones de impacto previstas para situaciones de vulneración de los secretos empresariales.
  • Designar una persona encargada de velar por el cumplimiento de la confidencialidad y la protección de datos.
  • Realizar formación al personal directivo, empleado y proveedores.
  • Invertir continuamente en recursos en favor de la protección de la información.

En el contexto actual, con motivo del COVID-19, muchas empresas están estableciendo de forma consensuada nuevas formas de trabajar de manera que, en estos casos, es aún más importante tener en cuenta también el secreto empresarial para proteger la información de la empresa.

En conclusión, es importante implementar medidas como las mencionadas en referencia a la protección y seguridad de la información. Nada nos asegura que no podamos sufrir una brecha de seguridad, pero una buena política de seguridad de la información es sin duda una buena herramienta para impedirlo o en todo caso protegernos.