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El ruido en el sector metal: ¿cuáles son los efectos derivados de la exposición?

Desde el enfoque de la salud laboral el ruido es considerado un contaminante físico del medio ambiente de trabajo, con elevada capacidad para producir daños a la salud de los trabajadores en función de su magnitud.

Cuando nos referimos específicamente a las actividades del Sector Metal, las situaciones generadoras de ruido que pueden ser identificadas son ampliamente numerosas y también de gran variabilidad. El empleo de todo tipo de maquinaria, tanto fija como móvil, herramientas portátiles, procesos industriales, vehículos de diversa índole, etc. dan lugar de forma intrínseca a ambientes laborales caracterizados por la presencia de elevados niveles de ruido, sometiendo con ello a los trabajadores a sus consecuencias para la salud.

El ruido está considerado como uno de los agentes contaminantes de naturaleza física que pueden estar presentes en los lugares de trabajo, razón por la cual se encuentra vigente legislación de Prevención de Riesgos Laborales específica para el establecimiento de una serie de disposiciones mínimas destinadas a prevenir y proteger la salud de quienes se encuentran expuestos a sus efectos con motivo de su trabajo.

Efectos derivados de la exposición laboral al ruido

Los principales daños auditivos que pueden afectar al oído humano se clasifican tal como sigue:

  • Fatiga auditiva: corresponde a una disminución transitoria de la capacidad auditiva. En estos casos no se produce una lesión orgánica, y la capacidad auditiva se recupera después de un tiempo de reposo en un ambiente sin ruido, dependiendo su duración de la intensidad del ruido recibido, del tiempo de exposición y de las frecuencias afectadas. Esta fatiga auditiva afecta principalmente a las frecuencias próximas a las del ruido agresor.
  • Hipoacusia: consiste en una pérdida limitada de audición causada por la exposición prolongada a un ruido de intensidad elevada o una fatiga de larga duración que no permite la recuperación. Como cabe esperar, estos daños no se producen de forma inmediata, sino que son el resultado de un proceso en etapas, caracterizadas por una sintomatología que es posible identificar. La pérdida auditiva llega a estabilizarse si el trabajador deja de estar expuesto a los niveles de ruido causantes de los daños en forma de hipoacusia. Se trata de un efecto de consecuencias irreversibles debido a los daños que se producen al nivel del oído interno en las células ciliadas.
  • Trauma acústico crónico (sordera): se trata de una pérdida auditiva de alcance importante, con afectación a las frecuencias conversacionales (es decir, dificulta, incluso imposibilita, mantener y seguir una conversación). Corresponde a una evolución esperable de los efectos de la hipoacusia si el trabajador ya afectado por esta permanece expuesto a elevados niveles de ruido.
  • Trauma acústico agudo: corresponde a un daño súbito, producido por la recepción de un ruido de gran intensidad y corta duración (p. ej. una explosión). La presencia de una energía acústica muy elevada puede producir daños que se manifiestan en forma de acúfenos e hipoacusia, pero que pueden llegar a provocar fracturas de los huesecillos del oído medio, así como luxaciones en sus articulaciones, con consecuencias en forma de sordera temporal.

 Intensidad del ruido y daños para el oído.

 

Efectos no auditivos

Contrariamente a lo que a menudo se cree, el ruido también posee capacidad para afectar
negativamente a otras partes del organismo humano distintas del oído, por lo que sus daños para la
salud pueden llegar a ser más extensivos y consiguientemente más graves.

Aunque pueden acabar resultando afectados por la exposición al ruido un amplio conjunto de órganos,
aparatos o sistemas del cuerpo humano, a continuación se enumeran aquellos que resultan más
factibles de serlo:

 

Además de estos diversos tipos de daños tangibles sobre el organismo, la exposición a niveles de
ruido elevados y/o de duración prolongada posee otras consecuencias para quienes la padecen: